Operación Bagration: Rusia contraataca

Tras tres años de guerra en el Frente del Este, el Ejército Rojo lanzó una ofensiva contra la Bielorrusia soviética: la Operación Bagration

Tropas alemanas en Rusia
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La operación era parte de un acuerdo para atacar a la Alemania nazi desde dos frentes: los aliados desde el oeste, el Día D, y la Unión Soviética desde el este. Dónde fuera a lanzarse la operación, sin embargo, era un secreto que ni los socios más cercanos en Londres y Washington conocían. En una carta dirigida a Churchill el 6 de junio de 1944, Stalin escribió: "La ofensiva de las tropas soviéticas de este verano... comenzará a mediados de julio en uno de los sectores más importantes del frente".

Los mandos del ejército ruso habían sido advertidos de que los alemanes sabían que se estaba gestando algo, aunque no imaginaban que el objetivo era el Grupo de Ejércitos Centro. Creían, por el contrario, que las fuerzas soviéticas atacarían Ucrania. La cúpula del Ejército Rojo aprovechó la oportunidad y puso entonces en marcha una maskirovka (campaña de desinformación para confirmar las teorías alemanas). Enseguida se enviaron vehículos con hombres y suministros hacia el sur. Lo que los alemanes no sabían era que, amparados en la oscuridad, otros convoyes aún mayores iban en sentido contrario. Todas las noches, entre las 22:00 y las 4:00, tanques y camiones, camuflados y con las luces apagadas, marchaban hacia Bielorrusia. Los conductores se orientaban con marcas blancas en la carretera y aquellos que no llegaban a su destino antes del alba tenían estrictas órdenes de parar y esconder los vehículos. Por encima volaban aviones de reconocimiento para asegurarse de que no había señales visibles desde el aire. Si el piloto veía algo, tiraba un banderín desde el avión. Cuando una división "recibía el banderín", debía endurecer la seguridad inmediatamente.

El ejército soviético se benefició en parte de la escasez de aviones de reconocimiento del Grupo de Ejércitos Centro y de la falta de sentido de la realidad del Alto Mando alemán. Después de tres años de agotadora guerra en el Frente del Este, las reservas de la Luftwaffe estaban exhaustas. Pero, a la vez, ni el Alto Mando ni los servicios de inteligencia prestaban atención a lo que decían los soldados que se encontraban sobre el terreno. A mediados de junio, estos eran ya conscientes de que la Unión Soviética tenía planes militares sobre Bielorrusia. Una semana antes de la operación, el comandante de un batallón alemán le habló de esta amenaza al general al mando del 39.º Cuerpo Panzer, Robert Martinek, que se encontraba inspeccionando el frente. Martinek se dejó convencer con facilidad, pero admitió que sus superiores nunca le escucharían. "Aquellos a los que Dios quiera destruir, primero dejará ciegos", dijo con resignación.

El infierno llega del cielo

Sus palabras resultaron proféticas, ya que la Operación Bagration significó el comienzo del fin para los alemanes. La lluvia de granadas sobre la trinchera en la que se acurrucaba el asistente Scheiderbauer fue sólo el primer acto. En los días siguientes, los bombardeos rusos provenientes de tanques y posiciones terrestres se incrementaron, a lo cual los alemanes respondieron con fuego de obuses. Para neutralizarlos, aparecieron en el cielo enjambres de aviones Ilyushin Il-2. Estos bajaban en picado y, mientras un experto tirador ametrallaba a los artilleros, el avión lanzaba bombas y misiles contra las municiones almacenadas junto a los obuses. El pequeño y rechoncho aparato del que Stalin había dicho que era “tan importante para el Ejército Rojo como el pan y el aire”, con su blindaje y su facilidad para hacer descensos rápidos y seguros, resultaba perfecto.

Más información sobre el tema en el artículo Derrota alemana en el Este, que aparece en el MUY HISTORIA, colección II Guerra Mundial dedicado a El Día D. La mayor invasión de todos los tiempos.

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Etiquetas: II Guerra mundial, URSS

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