Mijail Koltsov, corresponsal y espía

Periodista y revolucionario soviético, Koltsov narró la Guerra Civil española en el diario Pravda mientras espiaba para el Kremlin.

Mijaíl Koltsov

Propagandista incansable, agitador, comunista a ultranza… Mijail Efimovich Koltsov solía afirmar que “un periodista soviético debía ser partícipe de la historia sobre la que escribe”. Desde luego, siguió su proclama a pies juntillas. Kolstov, hijo de un zapatero judío y hermano del caricaturista Boris Efimovich, nació en Kiev el 12 de junio de 1898. Tras participar en la revolución rusa y unirse al partido bolchevique en 1918, supo combinar sus dos pasiones: el periodismo y la militancia política. Así, se convirtió muy pronto en una de las figuras clave de la élite intelectual soviética y seguramente en el reportero más famoso de su país, especialmente a través de sus artículos y ensayos satíricos. Eso sí, no fue el buen hacer como “plumilla” lo que le granjeó fama, respeto y temor entre la clase política soviética, sino el destacado papel que desempeñó en la Guerra Civil española. Koltsov fue miembro del consejo editorial del diario Pravda y precisamente como corresponsal de este medio viajó a España para cubrir la contienda.

Como en muchos otros aspectos, nuestro país se convirtió entonces en un excelente campo de pruebas para testar todo lo que se refería a la propaganda bélica. Entre agosto de 1936 y septiembre de 1937, Koltsov, que mantenía contacto directo con el Kremlin, se movió con total libertad en el bando republicano, colaboró con los medios afines a éste, organizó la censura y se desplazó al frente, desde el que puntualmente enviaba sus informaciones, aunque en ocasiones sumamente adornadas. Y es que no sólo se entrevistó con Durruti, Azaña, Largo Caballero o Negrín, sino que estuvo presente en algunos importantes combates, como el asedio del Alcázar o la batalla de Guadalajara. En el Segundo Congreso de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia, Madrid, Barcelona y clausurado en París, el periodista soviético dejó clara su postura: “el escritor debe combatir con la palabra (...), pero hay ocasiones en las que se ve obligado a convertirse en protagonista de su obra”. El propio Koltsov no ocultó que participaba en las reuniones que Álvarez del Vayo, Comisario General de Guerra, mantenía con sus subcomisarios. Arturo Barea, director de la Oficina de Prensa Extranjera en Madrid, llegó a señalar incluso que ejercía en el Comisariado una autoridad difícilmente comprensible en un simple corresponsal.

En 1938, tras la publicación de su Diario de la guerra española, Koltsov, que ya se encontraba en Moscú, fue arrestado por “antisoviético” y por “actividades terroristas”. De esta forma, uno de los principales agentes de Stalin en la España republicana tuvo el mismo final que muchos otros de sus compatriotas: el encarcelamiento y posterior ejecución por orden del propio dictador. Y eso que poco antes Stalin había compartido con Koltsov su palco en una función del Bolshoi.

 

Sospechoso de trotskista

Buceando en los archivos de la KGB que se hicieron públicos tras la desintegración de la URSS, el periodista e historiador Boris Sopélniak planteó que Andre Marty, la máxima autoridad de las Brigadas Internacionales, pudo ser su denunciante. De hecho, había enviado una carta a Moscú en la que, por una parte, llamaba la atención sobre las acciones de Koltsov, como “su intromisión en los asuntos militares” y, por otra, lo situaba en la órbita de la organización trotskista POUM. Además, Marty señalaba que creía firmemente que María Osten, esposa civil del periodista, era “agente secreto de los servicios de inteligencia alemanes”. Y remataba: “Estoy convencido de que muchos desaparecieron durante los combates como consecuencia de su trabajo de espía”.

Así las cosas, y pese a que la fidelidad de Koltsov a Stalin y a su política parecían inquebrantables, fue sentenciado a muerte y fusilado, según algunas fuentes, en abril de 1942. En 1954, un año después de la muerte del dictador soviético, fue rehabilitado.

Etiquetas: Espionaje, Guerra Civil, URSS

COMENTARIOS