Mata Hari en Madrid

Fue definida como una mujer fatal. Aunque “como espía fue poca cosa”, según el agente que la atrapó, Mata Hari fascinó y dio al espionaje un aura romántica.

Luis Otero / S. M.
Mata Hari, mujer fatal.

En 1915, Mata Hari fue enviada por los alemanes a un Madrid neutral a cumplir una misión de espionaje usando como tapadera sus actuaciones en un music-hall. De paso, la bailarina se codeó con lo más granado de la sociedad madrileña y sedujo a todos los hombres notables que pudo.

Su habitación en el Ritz fue escenario de sus citas con Álvaro de Figueroa, conde de Romanones y presidente del Gobierno; Enrique Gómez Carrillo, escritor y marido de la cantante Raquel Meller; Eduardo Dato; el torero Vicente Pastor; y el senador catalán Emilio Junoy, entre otros. Al año siguiente, la artista volvió a Madrid. Esta vez se alojó en el Palace, desde donde mandaba mensajes a la embajada alemana como la agente H-21. Se dice que Raquel Meller, celosa, la delató.

 

En Madrid, Mata Hari siguió realizando sus funciones como agente H-21 pero sus mensajes fueron interceptados por Ladoux, que la tendió una trampa para que regresara a Francia. El 13 de febrero de 1917 fue arrestada y sometida a juicio, donde se la condenó a muerte acusada de aprovechar sus relaciones íntimas para trabajar como agente de Alemania. Ella lo negó, alegando que se acostaba con militares por placer, y no por deber. El 15 de octubre de 1917 fue fusilada en Vincennes al amanecer. Genio y figura, se negó a que le vendaran los ojos y antes de recibir la descarga lanzó un beso a los soldados del pelotón. Tenía 41 años. Su cuerpo nunca fue reclamado por ningún familiar.

Etiquetas: Historia, Personajes famosos

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