Mary Baker, una farsante muy convincente

Mary Baker se hizo pasar por una princesa polinesia y convenció a media Inglaterra... hasta que la fama desenmascaró su verdadero origen.

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Mary Baker, la supuesta princesa de Caraboo
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En 1817, muchos miraban con triste romanticismo hacia la isla de Santa Helena, donde Napoleón reposaba su exilio. Era una Europa necesitada de sueños de grandeza; o, por lo menos, de sueños. Y allí, de entre la niebla inglesa, surgió la presencia de Mary Baker, una belleza que satisfizo durante un tiempo las ansias soñadoras de Inglaterra. La aparición de la Princesa de Caraboo, como se hizo llamar, ocurrió el 3 de abril de aquel 1817, en la pequeña villa de Amondsbury (Bristol). Ataviada con un turbante y extrañas vestiduras, y hablando un idioma incomprensible, apareció en el pueblo una joven totalmente exhausta. El pueblo la contempló con sorpresa y le ofrecieron comida y cobijo. La extranjera sólo aceptó una taza de té que, antes de beber, bendijo con una larga oración y raros aspavientos.

Según pasaban los días, la historia de aquella bella mujer de modales aristocráticos y extravagantes se fue haciendo célebre por toda Inglaterra. En este punto entró en escena un personaje fundamental, el pescador portugués Manuel Eynesso. Se presentó en el pueblo alegando un vasto conocimiento de lenguas y, efectivamente, afirmó entender el idioma de la desconocida.

Se trataba de la Princesa de Caraboo, una isla de la Polinesia, y había sido capturada por unos piratas, pero había logrado escapar del barco en el que estaba retenida, lanzándose al mar a la altura del canal de Bristol. ¿Se conocían Mary y Eynesso? Nadie ha logrado desvelar si existía una relación entre ellos o si fue una colaboración espontánea, pero a la Baker le vino fenomenal la manita del pescador. Tan creíble resultó la versión, que muchos periódicos se hicieron eco de la historia y allí estaba la flamante Princesa de Caraboo instalada en las portadas.

Desenmascarada

No fue muy lista la Baker ya que, en un par de días, algunos vecinos de su Gloucestershire natal alertaron a las autoridades de la verdadera personalidad de la impostora, a la que no le quedó más remedio que huir a Estados Unidos, donde continuó su engaño.

Murió finalmente en Inglaterra, en 1864. Todavía algunos ingleses comentaban en susurros cómo la Princesa de Caraboo había visitado en 1820 a Napoleón en Santa Helena. Un pueblo soñador el británico...

Etiquetas: Fraudes, Mujeres

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