Manuel Godoy, algo más que un favorito

Íntimo de María Luisa de Parma, consiguió ser valido de Carlos IV y se hizo imprescindible para la pareja real.

Manuel Godoy

Hijo del militar José Godoy, nació el 12 de mayo de 1767 con el nombre de Manuel Godoy y Álvarez de Feria en Badajoz. Llegó a la Corte con diecisiete años, buscando un empleo como Guardia de Corps, cargo que ya desempeñaba su hermano. Era un joven apuesto, que había estudiado matemáticas, letras, humanidades y filosofía, amén de esgrima e hípica.

Durante varios años estuvo de Guardia de Corps, sin ninguna posibilidad de hablar con los reyes ni los príncipes don Carlos y Maria Luisa de Parma. Sin embargo, a partir de un incidente en que un caballo lo arrojó al suelo y se levantó elegantemente sin darle ninguna importancia, la Princesa de Asturias se fijó en él y le hizo llamar a su gabinete. En ese momento nacía una amistad entre los príncipes y el joven Godoy.

Don Carlos era bonachón y apacible y sólo se divertía con la caza, mientras María Luisa reunía en su camarín una pequeña corte galante al estilo francés, en la que lo mismo se trataba de asuntos filosóficos inspirados por el enciclopedismo, que se recurría a fiestas en las que la Princesa galanteaba, y aún más allá, con el admirador de turno. De estas visitas surgió el rumor de que el joven y apuesto Guardia había entablado una relación con la Princesa. Si fue cierto, no era el primero. La Historia nos ha trasmitido el nombre de varios de estos amantes de la Princesa de Asturias: Eugenio Portocarrero, Juan María Pignatelli o Agustín de Lancaster. Sin embargo, Godoy no fue un favorito más, sino un buen amigo con el que la pareja estableció un vínculo de afecto que perduró hasta el final de sus días.

 

Fiel hasta la muerte

A los tres meses de iniciada esta amistad, Carlos IV subió al trono y Godoy fue nombrado Consejero de Estado, recibiendo por ello todo tipo de honores y prebendas. En noviembre de 1792, fue elevado al rango de Primer Secretario de Estado o del Despacho y muy pronto fue Duque de la Alcudia, Grande de España de Primera clase, regidor perpetuo de la ciudad de Santiago, Caballero del Toisón de Oro, Gran Cruz de Carlos III, Comendador de Valencia del Ventoso, Consejero de Estado, Primer Secretario de Estado y del Despacho, Secretario de la Reina, Superintendente General de Correos y Caminos, gentilhombre de cámara con ejercicio, Capitán General de los Reales Ejércitos, inspector y sargento mayor del Real Cuerpo de Guardia de Corps. No había una explicación racional a tan fulgurante carrera salvo el capricho real, que también le agració con el título de Príncipe de la Paz y Generalísimo. Ambicioso, Godoy intentó favorecer a sus parientes y allegados, y hasta a su amante, obteniendo para ellos puestos, títulos y prebendas. En honor a la verdad, también hay que decir que debemos a Godoy la fundación del Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos, el Depósito Hidrográfico para Cartas Marinas, el Observatorio Astronómico y la Escuela de Sordomudos. Recortó la influencia de la Inquisición y, en 1793, fundó la primera Escuela de Veterinaria, ordenó la inspección de los farmacéuticos por el Estado y, en 1795, inauguró en Madrid una Escuela Superior de Medicina.

Caído en desgracia y expulsados Carlos y María Luisa del trono, acompañó a sus señores al exilio. Cuando la reina destronada falleció, le dejó heredero de lo muy poco que le quedaba, muestra de una fidelidad, y quizá de un amor, que había durado toda la vida. Falleció en 1851.

Etiquetas: Amores históricos, Borbones, Guerra de la Independencia española

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