Manuel Azaña, exilio y muerte

El último presidente de la República falleció en Montauban (Francia) el 3 de noviembre de 1940. Esta es su historia.

Azaña
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Manuel Azaña (1880-1940) ha quedado asociado en la memoria colectiva a la Segunda República española y su trágico final con el golpe militar de 1936 y la subsiguiente Guerra Civil, pero su figura trasciende esa etapa. Demonizado por el franquismo –que lo ridiculizó por su apariencia física y lo pintó como un monstruo bolchevique, un masón y un pervertido sexual o, en el mejor de los casos, un incompetente y un cínico–, hoy los historiadores lo señalan como uno de los políticos y oradores más destacados del siglo XX, además de un reconocido escritor, periodista e intelectual. Sus Diarios, publicados póstumamente, se valoran como uno de los documentos históricos imprescindibles de la época en que vivió.

Nacido en la madrileña localidad de Alcalá de Henares el 10 de enero de 1880, en el seno de una familia acomodada, con 18 años se trasladó a Madrid para estudiar Derecho. Poco después empezó a colaborar en revistas literarias; aunque trabajó como abogado, sus dos pasiones fueron la escritura –ganó el Premio Nacional de Literatura en 1926 por la biografía Vida de Don Juan Valera y también sobresalió como novelista (El jardín de los frailes, 1927) y autor dramático (La velada en Benicarló, 1937)– y la política. Empezó militando en el Partido Reformista, junto a otros intelectuales como Ortega y Gasset, pero rompió con él a raíz de la dictadura de Primo de Rivera y en 1930 fundó Acción Republicana. Poco antes, el 27 de febrero de 1929, se había casado con Dolores Rivas Cherif.

Más tarde, ya en plena era republicana, fundaría Izquierda Republicana, una amalgama de socialistas, radicales e independientes. Durante la Segunda República fue ministro de la Guerra, dos veces presidente del Gobierno y, finalmente, presidente de la República desde el 11 de mayo de 1936 hasta casi el fin de la contienda. Su mandato dejó una larga lista de reformas –religiosa, económica, agraria, educativa– que fueron revertidas y eliminadas por la dictadura de Franco. El 12 de febrero de 1939 Azaña presentó su renuncia al cargo desde Francia, adonde había huido poco antes. Un agravamiento de una afección cardíaca obligó a trasladarlo a la localidad de Montauban, en la zona libre, para escapar de los alemanes, que ya habían tomado París. Allí murió el 3 de noviembre de 1940.

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