Los Protocolos de Sión, algo más que una patraña

La conspiración judía que se denuncia en Los Protocolos de Sión fue una invención de los servicios secretos zaristas para desacreditar a los bolcheviques.

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Los Protocolos de Sión

Culpar a los judíos de grandes desgracias no es algo de lo que estemos a salvo en el siglo XXI. Tras los atentados terroristas de 2001 en Nueva York y Washington, corrió el rumor de que los 4.000 ciudadanos israelíes que trabajaban en las Torres Gemelas no habían acudido al trabajo el 11 de septiembre porque se habían puesto todos enfermos al saber que iban a producirse los ataques. El maremoto del Índico de diciembre de 2004, a consecuencia del cual murieron 270.000 personas, se achacó en algunos países árabes a pruebas secretas de nuevas armas por parte de Israel, Estados Unidos e India. Todo vale para descalificar a quien se odia.

Los protocolos de los sabios de Sión, “la prueba definitiva de la conspiración judía para dominar el mundo”, fueron una creación de los servicios secretos zaristas, que a principios del siglo XX intentaron con este documento desacreditar a los bolcheviques acusándoles de colaborar con los judíos. El fraude quedó al descubierto en 1921, cuando el periodista Philip Graves demostró en el diario londinense The Times que Los protocolos eran un plagio del Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu (1864), una obra del escritor satírico francés Maurice Joly. Sin embargo, aún se encuentran en Internet sitios donde el panfleto, publicado originalmente en Rusia en 1905, se presenta como auténtico.

Malas influencias

Herederos intelectuales del autor de Los protocolos son hoy en día quienes sostienen que el 11-S fue un autoataque estadounidense, que existe un gobierno oculto que maneja los hilos del mundo, que el terrorismo etarra estuvo detrás del 11-M... Nadie está libre de caer en un engaño de este tipo por antipatía hacia un grupo determinado. Henry Ford, el magnate automovilístico, publicó desde 1920 en Estados Unidos varias ediciones de Los protocolos y, ese mismo año, Winston Churchill, entonces Secretario de Estado para la Guerra británico, alertó en el London Illustrated Sunday Herald de la existencia de una “conspiración (judía) a escala mundial para el derrocamiento de la civilización y por la reconstitución de la sociedad sobre la base de un desarrollo limitado, una malevolencia envidiosa y una igualdad imposible”. El fomento del odio a los judíos alcanzó su clímax con Adolf Hitler, quien incorporó Los protocolos a sus discursos y se sirvió de ellos para justificar el Holocausto.

Etiquetas: 11S, Judíos, Nazis, terrorismo

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