Los dogones: astrónomos asombrosos

Los conocimientos astronómicos de los dogones asombraron tanto a los antropólogos, que los atribuyeron a extraterrestres; pero procedían de uno de ellos.

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Cueva dogón en Mali

La historia de los dogones y su cosmogonía ligada a la estrella Sirio cautivó en su momento no sólo a los habituales buscadores de extraterrestres en la Antigüedad, sino también a científicos serios. Así, el astrofísico Carl Sagan apuntaba en su libro El cerebro de Broca (1974) que los conocimientos de esta tribu de Mali parecían “ser la prueba más seria en favor de un antiguo contacto con alguna civilización extraterrestre avanzada”, si bien añadía que sólo contábamos con testimonios orales que no se remontaban más allá de los años 30 del siglo pasado y que podía tratarse de un ejemplo de contaminación cultural.

El origen del misterio se remonta a 1950, cuando los antropólogos franceses Marcel Griaule y Germaine Dieterlen publicaron un artículo en el que explicaban que los mitos dogón sobre la creación del mundo giraban alrededor de Sirio A y su pequeña compañera, Sirio B. Esta última se descubrió a mediados del siglo XIX y es invisible sin telescopio, instrumento que los primitivos dogones desconocían. Además, sabían que Sirio B era muy pesada y que tardaba 50 años en completar una órbita alrededor de su pareja.

¿Cómo sabían tanto de Sirio B los dogones? Griaule y Dieterlen no se pronunciaron, pero el lingüista Robert K. Temple abogó en 1976 porque esos conocimientos fueron traídos a la Tierra por hombres-peces de Sirio, idea que después abrazaron otros autores. Sin embargo, la explicación a los extraordinarios conocimientos astronómicos de este grupo africano no requiere de la existencia de extraterrestres. Lo que los dogones saben de Sirio no va más allá de lo que se sabía en la época en que Griaule convivió con ellos, incluidas falsas ideas como que Sirio B es la estrella más pesada del Universo. Los dogones reconocieron en 1991 al antropólogo Walter Van Beek que todo lo que sabían de Sirio B se lo había contado Griaule, aficionado a la astronomía. Como Sagan ya apuntara en 1974, se trató de un caso de contaminación cultural.

Trasmisión oral

Y no fue el único protagonizado por esta tribu, porque los dogones no sólo han absorbido de Occidente e incorporado a su cosmogonía el conocimiento de la existencia de Sirio B. Un apasionado de los cuentos, el escritor navarro Pablo Zapata, escuchó durante un viaje a Mali en 2003 una fábula que un anciano dogón contaba a su nieto. Zapata identificó el relato como la versión de un cuento de El conde Lucanor, la obra de Don Juan Manuel (1282-1348). Se había transmitido oralmente en Mali de generación en generación desde que llegó de Europa no se sabe cuándo.

Etiquetas: Astronomía, África

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