Los cofres de Lima

La Isla del Coco, en aguas costarricenses, ha sido un filón para la literatura.

Muy Historia
tesoro

Robert Louis Stevenson pensaba en ella cuando dio forma a su imaginaria Isla del Tesoro, y Michael Crichton hizo lo propio en busca de un remoto islote en medio del Pacífico donde instalar su Parque Jurásico en 1990. La leyenda comenzó a forjarse el 22 de octubre de 1822, cuando el capitán William Thompson recibió órdenes de la Corona española de fletar su navío, el Mary Dear, y zarpar desde Lima rumbo a México para poner a buen recaudo un valioso cargamento de veinticuatro baúles llenos de monedas de oro y obras de arte procedentes de la catedral de Lima, en plena guerra de la independencia en el Virreinato de Perú.


¡Oro a bordo!

En un principio, Thompson desconocía el contenido de la carga que transportaba a bordo de su navío, pero la curiosidad acabó empujándolo a desvelar el misterio y, seducido por el oro, persuadió a su primer oficial para desoír las órdenes y apoderarse del tesoro, con ayuda de los ocho tripulantes bajo su mando. Dispuestos a tentar a la suerte y a desafiar a sus empleadores, optaron en primera instancia por buscar un buen escondite para la carga y se dirigieron a la Isla del Coco, un rincón de tierra en medio del Pacífico sin propietario legal, refugio de piratas ingleses desde hacía dos siglos. 


Una vez en su destino, ocultaron los cofres en el interior de una cueva de veinticinco metros de profundidad, cuya entrada se apresuraron a tapar con piedras y vegetación, con el propósito de volver a por ellos cuando las aguas se hubieran calmado y las autoridades españolas hubieran relajado la vigilancia. Rumbo a Panamá, donde planeaban esconderse durante un tiempo, fueron interceptados por un navío español enviado en persecución del Mary Dear desde Callao. Los prisioneros se negaron a revelar el paradero del tesoro, lo que a la postre significó la ejecución de todos los miembros de la tripulación con la excepción de Thompson y su primer oficial. Los dos supervivientes accedieron entonces a guiar a su verdugo hasta la cueva del tesoro en la Isla del Coco pero, una vez allí, lograron burlar la vigilancia de sus captores y se internaron en la jungla para fugarse. Con ellos se llevaron el secreto y el rastro del tesoro de Lima se perdió para siempre.

Más información sobre el tema en el dossier Joyas por encontrar, escrito por Roberto Piorno. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Tesoros perdidos.

 

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

 

Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Interesante en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

Etiquetas: Leyendas, Mitos

COMENTARIOS