Las mafias del crimen organizado

El último número de la revista Muy Historia está dedicado a sociedades secretas. Te damos un adelanto de lo que encontrarás en sus páginas...

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mafia

Podría decirse que la Mafia –junto con las otras sociedades criminales italianas, la Camorra napolitana y la ’Ndrangheta calabresa– ha sido una sociedad relativamente secreta, al menos en ciertos ambientes rurales de su país de origen y en lo que respecta a la identificación de sus miembros: quienes ostentaban ese poder paralelo eran conocidos por todos, así como la identidad de sus colaboradores, con frecuencia situados en altos cargos. Pero la ley del silencio podía cubrir cualquier cosa, enmudecer a testigos o hacer desaparecer pruebas incluso dentro de las propias comisarías.

El aislamiento de Sicilia fue su caldo de cultivo, y los señores locales, sus protectores; se suponía que el poder venía del gobierno situado en la Península, pero el espíritu independiente de los sicilianos era demasiado fuerte como para que acataran sin rechistar órdenes de fuera. Incluso tras quedar oficialmente incorporados a Italia en 1860, la clase política local contaba con una autonomía creciente respecto a los gobernantes y virreyes enviados a la isla. El poder nominal lo ostentaban estos, pero la aristocracia siciliana mantenía y ejercía el control económico y social.

Los aristócratas no eran mafiosos, pero la Mafia surgió a su sombra, como una burguesía parasitaria “decidida a abrirse camino de forma desaprensiva para compartir el poder de los señores, siempre, como es obvio, en detrimento de cuantos estaban condenados a quedarse atrás”, recuerda Marino. Poco a poco, fueron adquiriendo una peculiar condición de siervos y amos al mismo tiempo, manteniendo a raya cualquier intento sedicioso de la plebe. Su arma, además de la violencia física, era la defensa de los valores de la cultura popular, “con casi fanática adherencia a las costumbres tradicionales”. La familia destacaba como puntal básico de su estructura, ya que, como escribió Salvatore Acccardo, párroco de la catedral de Camporeale, “La Mafia encuentra su fuerza en la omertà –la ley del silencio– y se hace inexpugnable en la estructura social de la familia, considerada sagrada y único lugar seguro. En efecto, se dice que la sangre no traiciona”.

Más información sobre el tema en el artículo La discreción del delito, escrito por Vicente Fernández de Bobadilla. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Masones y otras sociedades secretas.

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Etiquetas: Historia

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