La primera Expo de Sevilla

Se inauguró el 9 de mayo de 1929, con el nombre de Exposición Iberoamericana y como muestra de hermanamiento con América.

Expo
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Inaugurada en medio de una gran expectación, la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 tuvo como objetivo festejar el hermanamiento entre los dos países de la península Ibérica (España y Portugal) y los de Hispanoamérica, más Brasil y Estados Unidos (también participaron la colonia portuguesa de Macao y las españolas de Marruecos y Guinea). Se da la curiosa circunstancia de que ese mismo año se celebró la Exposición Internacional de Barcelona y de que el segundo evento de estas características organizado en Sevilla, la Exposición Universal de 1992 –la Expo–, también coincidió en el tiempo con otra gran cita en la Ciudad Condal; en este caso, los Juegos Olímpicos del 92.

La idea de realizar una Exposición Internacional en Sevilla –ciudad que tuvo el monopolio del comercio con América en el Siglo de Oro– nació en 1909, a propuesta del militar Luis Rodríguez Caso. El evento debía servir como puerta para que España se abriera a nuevas corrientes y acometiera la modernización del Estado. El proyecto fue acogido con entusiasmo, pero tardó dos décadas en materializarse. Entre sus objetivos para Sevilla estaban su reforma urbanística, fomentar el turismo, crear puestos de trabajo, resucitar la fama de la ciudad y lograr su despegue económico, así como mejorar las relaciones con los países americanos.

Esta primera Expo fue uno de los hechos más importantes de principios del siglo XX para Sevilla y para España en general. Lo más perdurable del evento fue su efecto en el urbanismo. Sevilla, hasta aquel momento, se encontraba muy atrasada en comparación con el resto de ciudades y países participantes, con problemas acuciantes relativos al ensanche de la ciudad, el alcantarillado, la pavimentación, el agua, la luz y la calidad de viviendas y hoteles. En este sentido, la implicación del rey Alfonso XIII fue crucial, pues con ese reclamo se logró que afluyera la financiación necesaria para emprender todas esas reformas.

Al certamen concurrieron numerosos países con pabellones permanentes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Guatemala, México, Perú, Portugal, Santo Domingo…) o provisionales (Venezuela). Algunos, como Bolivia, Costa Rica, El Salvador o Panamá, expusieron en las Galerías Americanas, que hoy son los almacenes del puerto de Sevilla. En el ámbito nacional, participaron las ocho provincias andaluzas y también algunas ciudades y regiones de España, como Barcelona, Galicia, Islas Canarias, etc. Hoy, un puñado de aquellos pabellones son edificaciones emblemáticas de la ciudad, como el que fuera Pabellón de Chile, hoy Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos (en la foto que ilustra este artículo).

En días previos al evento, una reproducción de la nao Santa María del primer viaje de Cristóbal Colón a las Indias fondeó en el puerto de Sevilla, escoltada por una división de la Armada española y una flotilla portuguesa. La inauguración de la Exposición tuvo lugar el 9 de mayo de 1929 con un acto solemne en la plaza de España en el que estuvieron presentes la Familia Real, el Gobierno en pleno y las representaciones diplomáticas de los países participantes, entre otras muchas autoridades. La Expo se clausuró más de un año después, el 21 de junio de 1930, y fue acogida con entusiasmo por la población, aumentando el sentimiento americanista y español. Sus resultados económicos no fueron los esperados (más deudas que ingresos), pero significó el inicio de la modernización de Sevilla.

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