La matanza judía de Jedwabne

Jedwabne es sinónimo de vergüenza. Una matanza especialmente cruel contra la comunidad judía de esta ciudad polaca no fue perpetrada por los nazis, sino por sus vecinos de toda la vida.

Exposición sobre la matanza de Jedwabne

 

Un pequeño pueblo al sur de Varsovia, Jedwabne, sufrió una gran tragedia el 10 de julio de 1941: 1.683 judíos fueron asesinados del modo más cruel. Las víctimas fueron arrastradas a la plaza y empujadas a un granero, donde fueron quemadas vivas. Los ancianos y niños que no podían trasladarse por sus propios medios fueron conducidos allí y arrojados sobre las brasas ardientes. Hasta hace unos años, en Jedwabne había una placa que decía: “Lugar de martirio para el pueblo judío. La Gestapo y la Gendarmería de Hitler quemaron vivas a 1.600 personas”.

 

Una verdad incómoda

Durante muchos años, la masacre de Jedwabne fue adjudicada a los alemanes, pero una investigación culminada en 2001 y publicada por el historiador Jan T. Gross con el título de Vecinos (Editorial Crítica) reveló una verdad mucho más terrible. En realidad, el crimen había sido cometido por los propios vecinos del pueblo, con los que convivían desde siglos atrás. Ya en el año 1770, los judíos habían construido allí su primera sinagoga. En efecto, ese 10 de julio, la mitad de los ciudadanos de Jedwabne salieron de sus casas con hachas, machetes y cuchillos y asesinaron a la otra mitad, la casi totalidad de la comunidad judía de la localidad. Algunos fueron cazados en sus hogares; otros, perseguidos por las calles de la ciudad; muchos, atrapados y quemados vivos. Esta incómoda revelación colocó a Polonia frente a su propio pasado, evidenciando que hubo polacos que colaboraron entusiásticamente con el exterminio nazi.

Etiquetas: Holocausto, II Guerra mundial, Judíos

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