La batalla criptográfica

Desencriptar los mensajes cifrados en tiempos de guerra era la misión de muchos científicos europeos y americanos.

J. A. Guerra. / S. M.
Una máquina norteamericana que desencriptaba los mensajes cifrados de la Enigma alemana.

Si hubo alguna batalla secreta durante el conflicto, ésta fue la librada por los descifradores de códigos que se afanaron en un constante esfuerzo intelectual pero también físico.

Eran agotadoras jornadas ocasionales de varios días de trabajo continuado para sacar a la luz las indicaciones, órdenes y planes que el enemigo se intercomunicaba.

Un ejército de matemáticos –una innovación introducida por los polacos–, lingüistas, físicos y hasta ingenieros se congregaban para ello.

Se enfrentaban a problemas tan aparentemente insolubles como los creados por las comunicaciones alemanas, que utilizaban la famosa máquina cifradora Enigma.

Este aparato era considerado “imposible” de descifrar, hasta el extremo de que nunca sospecharon que sus enemigos lo habían logrado, culpando a un “topo” o infiltrado cada vez que supieron o intuyeron que sus mensajes habían sido interceptados.

La mejor organización de este tipo de “luchadores” fue, indudablemente, la GC&CS, la Escuela Gubernamental de Códigos y Cifras británica, más conocida por el lugar en que se instaló, Bletchey Park (en Buckinghamshire, Inglaterra).

Allí se congregaban cientos de científicos, reclutados muchos de ellos en las universidades, y llegaron a construir incluso los primeros ordenadores descodificadores, las “bombas” de Turing y el Colossus, éste último programable.

Como todo lo que se “coció” en Bletchey Park después de la guerra, Colossus fue destruido.

Etiquetas: Guerras, Historia

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