Immanuel Kant (1724-1804)

Un mundo racional basado en la libertad, la voluntad y la conciencia ética fue la máxima aspiración de Immanuel Kant.

F. Cohnen / S. M.
Immanuel Kant
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El sistema filosófico de Kant se articula en tres partes. La primera, y la más importante para los filósofos posteriores, es la que plantea en la Crítica de la razón pura. En la segunda parte, Crítica de la razón práctica, el pensador expone su método para alcanzar los objetivos morales. En la tercera parte de su sistema filosófico, recogida en la Crítica del juicio, Immanuel Kant explora asuntos que están a caballo entre la teoría y la práctica. Con su Crítica de la razón pura, el filósofo socava los cimientos de la metafísica y de la teología al afirmar que la “cosa en sí” es inaccesible al entendimiento humano.

El sueño de la razón. Aseguró que la lectura de David Hume le conmovió y le influyó, aunque las argumentaciones filosóficas del pensador escocés parecían disolver las certezas naturales de la vida en meras probabilidades sensoriales. Aunque le conmoviera algún aspecto del ideario de Hume, el filósofo alemán atacó con virulencia sus tesis escépticas. “He visto el futuro, en el que escepticismo y dogmatismo yacen derrotados ante el poderoso tribunal de la razón pura (…) Mi sueño es el sueño de la Ilustración, el sueño de que la gente vivirá en libertad, respondiendo sólo a la razón (…) Mi sueño es el sueño platónico, el sueño de que la filosofía asumirá su legítima posición de gran maestra y guía de la humanidad”, escribe Kant.

Dueños del destino. El filósofo alemán creía que es factible organizar un mundo racional basado en la libertad, la voluntad y la conciencia ética. Adjudicaba a la razón práctica una función superior a la de la razón pura. Rechazaba que la libertad fuera un bien inherente a la condición natural del hombre, tal y como defendía Rousseau. A través del conocimiento y del autocontrol, el hombre es capaz de superar los condicionantes que impone la vida natural. Gracias a ellos, los humanos podemos convertirnos en dueños de nuestro destino y alcanzar la libertad.

La conciencia individual. En su gran obra, Crítica de la razón pura, el filósofo postuló que la experiencia no lo es todo en nuestro conocimiento. “Actúa como si la máxima de tu acción tuviera que convertirse a través de tu voluntad en ley universal de la naturaleza”, escribió el pensador germano. La moral no es un reflejo de unos valores existentes fuera del sujeto. Esa moral no está en Dios, ni en la causa primera o sustancia universal. La moral es un acto que surge de la conciencia individual del ser humano.

Fundamento de la ética. Kant afirma que nunca podemos conocer las cosas tal y como son en sí mismas. Sólo podemos conocerlas en la medida en que recorren el camino que atraviesa nuestras formas de sensibilidad y entendimiento. Nuestras obligaciones éticas se originan a partir de la razón y son determinadas por ella. El filósofo sintetiza su idea clave, en virtud de la cual la razón es el fundamento de la ética, en el famoso imperativo categórico. Ser moral consiste en cumplir con el propio deber y el deber no entiende de condiciones. El imperativo categórico es la herramienta kantiana para generar la ley moral de la razón. 

 

La rutinaria vida del filósofo

Immanuel Kant no abandonó Königsberg en toda su vida. No le gustaban los viajes y siempre alardeó de su localidad natal como el lugar idóneo para desarrollar su talento. “Una gran ciudad, el punto central de un imperio, en donde se encuentra la administración estatal del gobierno, que posee una universidad y además una situación propicia para el comercio marítimo (…) Una ciudad tal puede muy bien ser considerada un lugar conveniente, tanto para el conocimiento humano como también para el conocimiento del mundo”.

En ella, Kant llevó una vida extraordinariamente ordenada. Se levantaba cada día a las cinco de la madrugada y, a continuación, alternaba el trabajo, las clases y el paseo. Se acostaba puntualmente a las diez de la noche. Pese a todo, el filósofo no rechazaba la vida social. Invitaba a comer regularmente a sus amigos y mantenía con ellos tertulias sobre los temas más variados, astronomía, gastronomía o literatura, pero nunca filosofía, una materia a la que prefería dedicarse en la más absoluta soledad.

Etiquetas: Historia, Personajes famosos

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