John Maynard Keynes, una mente brillante

Cada vez que hablaba con Keynes, sentía que mi vida estaba en sus manos, y raramente terminaba sintiéndome algo muy diferente a un estúpido”. El autor de tan elogiosa frase fue nada menos que el filósofo Bertrand Russell, uno de los mayores sabios del siglo XX.

José Ángel Martos/P.L.
John Maynard Keynes

Se suele decir que un economista es aquel científico que mañana explicará por qué nos equivocamos ayer: una carga de profundidad contra esta joven ciencia que, como todas las afirmaciones taxativas, tiene sus excepciones. El mejor candidato a serlo es John Maynard Keynes (1883-1946), sin duda el más influyente de los economistas del siglo XX.

Brillante y bisexual

La sabiduría lo acompañó ya desde la cuna e incluso desde el lugar de nacimiento, ya que vino al mundo en pleno Cambridge, donde su padre era profesor y su madre –una de las primeras mujeres que logró ingresar en una universidad británica– llegaría a alcaldesa. También él estudiaría allí, en el mítico King’s College, y quizás la decisión más difícil que tuvo que tomar fue la de si optar por los estudios de Matemáticas –que inició, ya que era muy brillante en la materia– o por los de Economía, que finalmente fueron los elegidos.

En su vida personal tuvo que tomar decisiones más complejas, en las que mostraría una ambivalencia poco habitual en la época: en su juventud fue plenamente homosexual, con grandes amores como el pintor Duncan Grant (ambos formaban parte del grupo de intelectuales de Bloomsbury). Keynes llevaba un detallado diario de sus relaciones con otros jóvenes, o más bien habría que decir una estadística, ya que sus encuentros estaban detalladamente enumerados y fechados y sus partenaires descritos con iniciales, o con rasgos genéricos de su procedencia y edad. Pero a partir de los años 20 empezaría a tener también relaciones femeninas y en 1925 se enamoró profundamente de la bailarina Olga Lopokova, que trabajaba en los Ballets Rusos, como lo había hecho otra Olga, la primera esposa de Picasso. Keynes, al igual que el pintor, también contraería matrimonio con la bailarina, que no fue fácilmente aceptada por el grupo de Bloomsbury, ya que la consideraba poco refinada.

La carrera del economista había comenzado como funcionario, trabajando en aspectos monetarios y financieros de la India, la enorme colonia que Gran Bretaña debía administrar. Decepcionado por su tarea, empezó a enseñar en Cambridge, donde con menos de treinta años ya dirigía la revista Economics Journal, pero nunca perdió la conexión con el servicio público. Así, durante la Primera Guerra Mundial trabajó en las relaciones económicas con los aliados (preparaba los contratos de crédito), aunque su gran oportunidad le llegó tras el final de las hostilidades, pues participó en la Conferencia de Paz de París en la que se iban a fijar las condiciones económicas del armisticio.

 

Se opuso al castigo de Alemania

En ese trascendental evento demostraría su capacidad de adelantarse a los acontecimientos (poco habitual, como ya se ha dicho, en el mundo de la ciencia económica), aunque no le serviría de nada, ya que no se le hizo caso y acabó por dimitir.

El sabio de Cambridge creía que las duras condiciones que se le estaban imponiendo a Alemania en forma de indemnizaciones y reparaciones de guerra no iban a servir más que para ocasionar penurias adicionales al país derrotado, creando el caldo de cultivo para un caos de efectos nada deseables, como escribió en su libro Las consecuencias económicas de la paz (para muchos, su mejor obra).

El talento visionario de John Maynard Keynes también se aprecia en otra decisiva aportación suya al pensamiento económico: la tesis de que el funcionamiento equilibrado del mercado en un sistema capitalista no produce el pleno empleo, observada tras el jueves negro de Wall Street. Para lograr el empleo en momentos de depresión, se necesita que el Estado intervenga gastando para aumentar la demanda, una idea que sigue siendo hoy fundamental en el diseño de las políticas de los Estados del Bienestar.

 

Sacarle partido a los conocimientos

Un aspecto anecdótico –pero relevante– de la trayectoria del economista británico es que no se limitó a la teoría, sino que también supo aplicar su sabiduría al terreno práctico invirtiendo en los mercados. Las cifras cantan: el fondo que administró Keynes durante diecisiete años ganó un promedio del 13,2% anual… ¡a pesar de que sufrió el crac del 29!

Etiquetas: Crisis, Economía, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial

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