Hipocondríacos famosos

Elena Sanz

bronteDe acuerdo con el Manual Merck de medicina, un hipocondriaco es una persona que ?refiere síntomas físicos y está especialmente preocupada porque cree firmemente que corresponden a una enfermedad grave?. En el libro Tormented Hope. Nine hypochondriac lives. (Penguin Ireland, 2009), el irlandés Brian Dillon hace un repaso de algunos de los hipocondríacos más famosos de la historia, entre los que se encuentra Charlotte Brontë, autora de Cumbres Borrascosas, quien afirmaba haber padecido su primer ataque hipocondríaco cuando enseñaba en Roe Head a los diecinueve años de edad. La enfermedad, escribió, "hizo de la vida una constante pesadilla diurna". Y Brontë atribuyó la crisis a la penosa tarea de enseñar, que le dejaba poco tiempo para escribir.

Darwin y Proust, dos hipocondriacos muy productivos


Angustiado por su salud vivió también Charles Darwin, de quien Dillon nos cuenta que sufría una amalgama de síntomas como palpitaciones, molestias gástricas y dolores de cabeza, y que se sentía permanentemente "apagado", torpe y viejo. charles-darwin-hipoSiendo joven, antes de viajar alrededor del mundo, se quejaba de un dolor en las manos al que nadie encontraba una explicación, y estaba seriamente preocupado por el tamaño de su nariz. Es posible que durante su expedición a bordo del Beagle sufriera la enfermedad de Chagas, pero una vez desaparecieron sus síntomas continuó sintiéndose un enfermo. Aunque esta situación le proporcionó alguna satisfacción. En una ocasión Darwin llegó a decir: "la mala salud me salvó de las distracciones sociales y la diversión". Y aseguraba que sólo gracias a "su enfermedad" había podido trabajar tanto y desarrollar su famosa teoría de la evolución de las especies.

Dillon afirma que en la hipocondría ha encontrado una relación entre miedo, creatividad y enfermedad. Y pone como ejemplo a otro de los protagonistas de su libro, el escritor francés Marcel Proust, quien entre otras cosas era tan sensible a los sonidos que tuvo que cubrir las paredes de su habitación con corcho. Además, estaba especialmente obsesionado con las toallas húmedas y "sufría" asma. Durante muchos años, Proust pasaba los días enteros en la cama y se levantaba por la noche para escribir. Así escribió los 16 volúmenes de En busca del tiempo perdido (1913-1927), considerada una de las obras cumbres de la literatura universal.

 

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Etiquetas: Curiosidades, Darwin, Historia, Medicina

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