Garbo, el espía perfecto

Juan Pujol puede ser considerado sin ninguna duda como el agente doble perfecto. Fue la única persona implicada en la II Guerra Mundial que logró ser condecorada por los dos bandos de la contienda.

Luis Otero/P. L.
Juan Puyol (Garbo)

Si no llega a ser por la tenacidad del periodista inglés especializado en temas de espionaje Nigel West, probablemente Juan Pujol García (1912-1988) seguiría siendo un perfecto desconocido. Sin embargo, las pesquisas de West y la información que reunió del MI5 británico le llevaron a desvelar en 1984 uno de los secretos mejor guardados de la II Guerra Mundial: el agente Garbo, que había resultado decisivo en la trama del Desembarco de Normandía y que había desaparecido de la circulación al acabar la contienda, era un español de 72 años llamado Pujol que vivía retirado en Venezuela.

 

Aventurero de corazón

Había nacido en Barcelona en 1912 y era hijo de un industrial que luchó a favor de Franco en la Guerra Civil. El mismo Juan Pujol, tras abandonar los estudios e intentar varios negocios, fue llamado a filas y desertó del bando republicano en el frente del Ebro para unirse a los nacionales. Pero el fervor le duró poco. Profundamente pacifista y educado en principios liberales, Pujol ya estaba escarmentado del franquismo al final de la guerra, y tras casarse con Araceli González en 1940 y trabajar unos meses como gerente de hotel en Madrid, decidió implicarse personalmente en la causa de la libertad.

Primero se presentó en la embajada británica para ofrecer sus servicios como agente para la inteligencia aliada en la II Guerra Mundial. Tenía don de gentes y capacidad de convencimiento y de seducción, pero los ingleses rechazaron su solicitud. Entonces cambió de plan: se hizo pasar por franquista convencido y entusiasta del nazismo ante los alemanes, que mordieron el anzuelo y le captaron para la Abwehr, el servicio de espionaje.

 

El clásico agente doble

En 1941, Pujol se marchó a Lisboa como espía alemán, pero pronto logró convencer a los británicos para trabajar como agente doble. De entrada, su nombre en clave fue cambiado de Bovril a Garbo, porque su capacidad como actor impresionó a sus superiores del MI5. Desde la capital portuguesa hizo creer a los alemanes que estaba en Gran Bretaña. Inventaba informes falsos sobre movimientos de barcos ingleses y se valió de una guía de ferrocarriles del Reino Unido para urdir toda una trama de viajes y misiones por el país. Finalmente en la primavera de 1942 llegó de verdad a Inglaterra, desde donde siguió operando hasta el final de la contienda.

De vez en cuando mandaba información genuina a los alemanes para que éstos no sospecharan y así logró el gran objetivo: hacer creer al alto mando nazi que el Desembarco de Normandía sólo era una operación de distracción para ocultar el verdadero desembarco, que se produciría en el Paso de Calais. Pese al desenlace de todos conocido, los alemanes nunca sospecharon de Pujol y después del Día D siguieron confiando en sus informes.

Al final de la guerra, Garbo, que tenía miedo a ser descubierto por los nazis, se marchó a vivir a Venezuela, inicialmente con su mujer y sus tres hijos, pero en 1947 el matrimonio se separó y Araceli regresó a España con los niños. Pujol empezó una nueva vida, se casó y montó varios negocios gracias al dinero que había reunido por los servicios prestados a unos y otros, pero tuvo mala suerte y se arruinó.

Hasta 1984, cuando Nigel West lo rescató del olvido, nadie, ni siquiera su nueva familia venezolana, supo de su pasado como espía. Murió en Caracas en 1988, con el consuelo de haber podido salir al fin del anonimato.

Etiquetas: Espionaje, Guerra Civil, II Guerra mundial, Nazis

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