Flora Tristán, precursora y revolucionaria

Flora Tristán se adelantó al divorcio, al feminismo, a las leyes contra el maltrato infantil... ¡y fue abuela del pintor Gauguin!

LO/AA
Flora Tristán

El fervor de Flora Tristán (1803-1844) por construir una sociedad nueva vino de su condición femenina, de su indignación ante la discriminación que sufrían las mujeres de su tiempo y que ella sintió en carne propia. Se llamaba Flore Celestine Therèse Tristán, y nació en París en plena época napoleónica. Era hija de la dama francesa Anne Laisney y del aristócrata peruano Mariano Tristán y Moscoso, que se habían conocido en Bilbao y cuya unión nunca llegó a regularizar el Estado francés. Flora fue, pues, una hija ilegítima, lo cual marcó su vida. En su primera infancia vivió a lo grande en un hogar visitado por personajes como Simón Bolívar, de origen vasco y criollo, como su padre. Pero la muerte de éste cuando Flora tenía cuatro años, sumió a su mujer y a su hija en la pobreza, ya que al carecer de títulos legales fueron desposeídas de la casa parisina y de los demás bienes de don Mariano, que revertieron a su familia de Perú.

La consecuencia fue que Flora tuvo que trabajar desde muy joven en un taller de litografía, y que a los 17 años se vio abocada a casarse con el jefe y propietario André Chazal, pues en aquellos tiempos el matrimonio era casi la única salida de una mujer para escapar de la miseria. También fue una encerrona para ella, que sufrió los celos y malos tratos de su esposo durante los cinco años que duró la unión, de la que nacieron tres hijos. A los 22, Flora se armó de coraje y abandonó su hogar para trabajar como criada de una familia inglesa. También inició una lucha legal por la custodia de sus hijos que duraría 12 años. Sus amargas vivencias despertaron en ella un pensamiento y una actitud que pueden considerarse precursores del feminismo.

En ese tiempo, viajó por varios países haciendo trabajos de toda clase y tomando conciencia de su condición, que plasmó en su primer libro, “Peregrinaciones de una paria”. En 1833 se fue a Perú en barco –cuatro meses de travesía– para reclamar su herencia paterna y esclarecer su situación familiar, pero recibió la negativa de su tío paterno Juan Pío. En los meses que pasó en Lima y Arequipa pudo apreciar las abismales diferencias que separaban a las clases sociales y se hizo firme defensora de de los derechos y libertades de la clase obrera. De vuelta a Francia, sufrió de nuevo la persecución de su marido, que llegó a dispararla en la calle dejándola mal herida y con una bala en el pecho que iría minando su salud.

Autodidacta con mucha fuerza

Por suerte, Chazal fue encarcelado y ella pudo al fin liberarse, ganarse la vida como periodista y volcarse en sus escritos, al tiempo que multiplicaba su energía para hacerse una educación y una cultura. En Londres entró en contacto con los obreros que malvivían en la sociedad victoriana. En Francia se vinculó a los grupos sansimonianos y fourieristas, y en todas partes denunció la miseria y la explotación infantil y femenina. Lamentablemente, el tifus acabó con ella en 1844, con sólo 41 años. Flora dejó plasmadas sus ideas y sus vivencias en no pocos libros, entre ellos dos a favor del divorcio. Su pensamiento parte de la Ilustración, del presupuesto de que todos los seres humanos nacemos libres, iguales y con los mismos derechos, e imprimió a su feminismo un elemento de clase. Y sobre todo, denunció el matrimonio –“el único infierno que reconozco”– como medio de opresión contra las mujeres.

De los tres hijos que tuvo Flora Tristán en su matrimonio con André Chazal, sólo sobrevivió a la infancia la niña, Aline, que fue la madre de Paul Gauguin. El famoso pintor francés de los mares del Sur nunca llegó a conocer a su abuela, que murió cuatro años antes de su nacimiento, aunque por lo que supo de ella dijo que era “una curiosa mujer”.

Otro descendiente conocido –y vivo– de Flora ha sido el novelista peruano Alfredo Bryce Echenique, aunque fue otro escritor de ese país, Mario Vargas Llosa, quien publicó una novela inspirada en el personaje de la revolucionaria, titulada El paraíso en la otra esquina. En ella compara las biografías de Flora –”una romántica y temeraria justiciera”– y de su nieto Gauguin como buscadores de un ideal de vida fuera de su Francia natal.

Etiquetas: Ilustración, Mujeres, Revolución, feminismo

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