Espoz y Mina, un líder nato

La carencia de munición obligó a la guerrilla navarra de Espoz y Mina a la lucha cuerpo a cuerpo con la bayoneta

I. Marina / S. M.
Óleo anónimo de Espoz y Mina en el Museo Romántico (Madrid)

No deja de sorprender que un hombre casi analfabeto como era Francisco Espoz e Ilundaín (Idocin, Navarra, 1781-Barcelona, 1836) tuviera tan extraordinarias dotes de mando y tanta intuición para la estrategia militar. Así le fue reconocido al ser elegido en los inicios de 1810 para unificar las acciones de la guerrilla en Navarra; tal responsabilidad recayó en él porque había demostrado ser un líder nato y porque era tío carnal del guerrillero Mina el Mozo, por lo que en su recuerdo empezó a ser conocido como Espoz y Mina. El guerrillero fue hombre íntegro y exigente, también cruel, pero una guerra no suele estar exenta de crueldad, y en la de la Independencia hubo mucha por ambas partes.

Como jefe de la guerrilla navarra, sus adeptos pasaron enseguida de 500 a 1.200 –en 1813 serían ya 10.000–. La carencia de munición le obligó a imponer la lucha cuerpo a cuerpo a la bayoneta, protagonizada por seminaristas, frailes expulsados de sus conventos, criados de labranza y pastores, todos unidos en la causa antinapoleónica. En septiembre del citado año, el renombre de Espoz y Mina ya estaba consolidado: la Regencia de Cádiz le reconoció como jefe de la División Navarra.

Napoleón se inquietó y nombró al general Reille para mandar sobre 8.000 hombres en la región donde tanta preponderancia tenían los seguidores del legendario guerrillero. Pues bien, en las primeras escaramuzas, el general constató contra quién se la estaba jugando: en el paso del Carrascal, los de Espoz pusieron en jaque a una columna de 2.500 franceses, que se batieron en retirada hasta Pamplona. Era muy arduo luchar contra la guerrilla e incluso el terreno colaboraba a su favor. Reille no tuvo más remedio que pedir refuerzos y en septiembre de 1810 mandaba sobre 15.000 hombres. Mientras, Espoz, ya coronel, disponía de tantas tropas, que las dividió en tres batallones, uno de los cuales quedaría bajo su mando.

Algunas de las acciones de la División Navarra fracasaron, como en los campos de Belorado (Burgos), donde perdió cerca de 500 seguidores. Allí muchos guerrilleros heridos fueron rematados por los franceses sin miramiento alguno. Para algunos historiadores, Espoz cometió un grave error al salir de Navarra, entre otras razones porque, envalentonado, Reille puso en práctica la represión basada en el terror: por cada soldado francés muerto se ahorcaría a cuatro bandidos, y los encarcelados por sospechosos llegaron a 3.000 en Pamplona.

Espoz reapareció en octubre de 1810, para reconstruir la División y seguir practicando la táctica del golpe y la huida. Después de años de grandes éxitos militares anglo-españoles, tras poner en práctica la inteligente estrategia de aislar Pamplona para asfixiarla económicamente, el 21 de julio de 1813 llegó la gloria para la División Navarra, pues en esa fecha tuvo lugar la batalla de Vitoria.

Las tropas napoleónicas, derrotadas, buscaron refugio en Pamplona y San Sebastián. Sin Espoz y Mina otro gallo hubiera cantado, ya que sus hombres fueron ocupando los bastiones que quedaban bajo poder de los franceses, Tudela y Zaragoza, y fueron decisivos en las tomas de San Sebastián y Pamplona en octubre de 1813.

Los penúltimos enfrentamientos se produjeron en St. Jean de Pied de Port y en Baigorri y el último, en Bayona. La firma de un armisticio por Wellington y Soult puso fin a las hostilidades. Nada de esto hubiera sido posible sin la División Navarra de Espoz y Mina.

Liberal y cruel

Espoz y Mina intentó proclamar la Constitución de 1812 en Pamplona tras el retorno definitivo de Fernando VII. Tal pronunciamiento fracasó y el guerrillero se vio obligado a buscar refugio en Francia, donde Luis XVIII le concedió una pensión. Tras el pronunciamiento de Riego, regresó a España, proclamando la Constitución en la localidad navarra de Santisteban. Durante el Trienio Liberal, Espoz y Mina fue nombrado capitán general de Navarra, Galicia y Cataluña, donde controló las rebeliones absolutistas. Cuando los “Cien mil hijos de San Luis” tomaron el país, consiguió derrotar a las tropas aliadas, pero se vio obligado a ceder ante las francesas, exiliándose en Inglaterra para no regresar hasta la amnistía de 1833. Después de intervenir en las campañas del Norte durante las Guerras Carlistas, Espoz y Mina fue nombrado capitán general de Cataluña por Mendizábal.

Etiquetas: Guerras, Historia

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