Episodios universales

Muy Interesante


Cuando le preguntaron al historiador holandés Johan Huizinga por qué no incluyó a Juana de Arco en su libro El Otoño de la Edad Media, respondió: "Porque no quería que mi relato tuviera una heroína". Con estas palabras dabaentender que el historiador es quien proporciona la asignación de los roles de protagonista o de secundario en la reconstrucción del pasado. La idea de que un personajehistórico no es importante por sí mismo sino por su significado causó una gran alarma entre los científicos sociales a mediados de los setenta. Y mientras, se recuperabanlas figuras de un molinero, de un caballero andanteo de los habitantes de un minúsculo pueblo de los Pirineos acusados de herejía, convirtiendo las anécdotas de sus vidas en la revelación de las categorías de una época.De ese modo se amplió el campo de observación del pasado y se encontró el método idóneo para comprender a personajes raros o curiosidades ocasionales, partiendo del principio de que lo extraño es, por definición, difícil de catalogar. Con ello se encontró un nuevo camino para recuperar la trinidad de acontecimiento, personaje y trama,que se había perdido en la historiografía al uso, en esos años donde se premiaban las curvas de precios, los movimientos colectivos y los conceptos abstractos. A medidaque hemos ido avanzando en esta renovadora línea de trabajo, los lectores de libros de Historia han dejado de ser espectadores desengañados para convertirse en interesados cómplices.

Aquí es donde el comentario de algunas anécdotas resulta oportuno y coincidente. Por ejemplo, la del general Publio Cornelio Escipión, tras conquistar Cartagena, conocida en la Historia como "la clemencia de Escipión". Un grupo de soldados le ofrecieron una muchacha ibera de gran belleza como regalo, conscientes del interés de su general por las mujeres. Pero al saber sin embargo que aquella atribuladajoven estaba prometida a un héroe local, Escipión no solo la liberó de su cautiverio,sino que le concedió una generosa dote con el oro que el padre de la muchachale había entregado para liberarla. Este episodio intenso, hermoso y magníficamente descrito por Polibio y Tito Livio, fue recreado en los siglos XVII y XVIII tanto por los pintores Anthony Van Dick, Nicolas Poussin y Tiépolo, como por los libretistas de las óperas de Francesco Cavalli, Alessandro Scarlatti, Tomaso Albinoni, Georg Friedrich Haendel o Johann Christian Bach. Entre todos trocaron la anécdota en una historia inmortal, pues, al cabo, la clemencia de Escipión cuestionaba una costumbre militar romana mostrando la turbadora sospecha de que el ser humano no se comporta de igual manera ante la misma situación.

La analogía entre el drama y la vida social se puede seguirtambién en el enfrentamiento de Enrique II de Inglaterracon Thomas Beckett, arzobispo de Canterbury; en la respuesta del noble andaluz Guzmán el Bueno, durante el asedio de Tarifa, arrojando un cuchillo con el que pudieran matar a su hijo a cambio de no rendir nunca la plaza; en las procesiones de flagelantes de la Baja Edad Media claclamandopor el fin del mundo; en los carnavales previos a la Cuaresma, en los que Mijail Bajtin creyó ver un eco de los conflictos del pueblo con el poder y, sobre todo, en el gesto del último rey musulmán de Granada. Según se cuenta, al ver llorar a su hijo Boabdil por la pérdida de Granada, la sultana nazarí exclamó: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre". Por supuesto se trata de una leyenda, pero esa dimensión de la memoria del pasado también forma parte de la Historia. El tiempo y el lugar de creación de esa anécdota es el 2 de enero de 1492.

Entre Francisco Padilla y el drama romántico, el arte y la literatura construyeron los disfraces de la legitimación de la conquista militar y, en cierto modo, de la destrucción de la cultura nazarí. En esos rincones interpretativos, la voz de la sultana niega el esfuerzo de Boabdil por encontrar una solución negociada al conflicto mediante la redacción juntoal Gran Capitán de las Capitulaciones de Rendición del Reino de Granada. Y así califica el gesto de mujer, contrario a la resistencia heroica con las armas que sería el modo de los hombres. Basta acudir al lugar donde se supone que ese episodio se llevó a cabo, conocido precisamente como "el Suspiro del Moro", para que quede inscrito eternamente en la memoria de todo un pueblo; aunque esa verdad histórica se base en un engaño. Eso mismo les ocurrió a los acaudaladospatricios de la República de Venecia cuando en 1570, a raíz de la pérdida de Chipre a manos otomanas, fueron seducidos por un hombre misterioso llamado Il Bragadino. Éste era un maestro de la alquimia que, según rumores, había amasado una imponente fortuna por su capacidad de transformar en oro cualquier sustancia. La gente de bien acudió a una de sus fiestas y vieron con sus propios ojos que el oro dominaba todo el lugar -vajillas, relojes, bandejas, muebles...- sin darse cuenta de que todo era una inmensa fantasía. Aceptaron el desdén del Bragadino cada vez que le exigían poner a prueba sus dotes y así durante años les mantuvo engañados, mientras suspiraban por el retorno de los esplendorosos días de antaño, que por supuesto nunca llegaron. Y es que a menudo una anécdota resume perfectamentela voluntad de un hombre para doblegar la Historia, como hizo Hernán Cortes cuando ordenó quemar las naves, dando a entender a sus hombres que era inevitable la conquistadel imperio mexica (mal llamado azteca). O cuando el rey Felipe II se enfrentó al desastre de la Invencible con una mezcla de altivez, desdén hacia los demás y frivolidad, diciendo aquello de: "Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra los elementos".

Los historiadores han demostrado que jamás dijo una cosa así sino más bien lo siguiente: "En lo que Dios hace no hay que perder ni ganar reputación, sino no hablar de ello". Es decir, recurriendo a la providencia para definir el infortunio. Pero la anécdota quizás hable de algo que se ha pasado por alto en las modernas investigaciones. Al cargar contra los elementos, Felipe II buscaba el modo (irónico, sin duda) de enfrentarse ante un hecho nuevo en su época: el cambio climático que se estaba produciendo en Europa, historiadores. En efecto, hoy sabemos que la tormenta que llegó al Mar del Norte en agosto de 1588 fue el resultado de una importante depresión ciclónica situada en la región de las Azores, que había sido originada por un huracán tropical en el Caribe. Tres días después de abandonar las costas de Florida, el mismo vendaval del Oeste sopló con furia a la altura de Irlanda, donde los buques rezagados de la Armada española se encontraban cerca de la costa, con el consiguiente naufragio de la mayoría de ellos. Tal es el poder de las anécdotas. ¿Es por ese motivo que forman parte de la memoria de la gente? Asomándose al abismo de los comportamientos colectivos -lo que un moderno novelista ha llamado días de cólera?,algunas anécdotas definen el camino de la Historia reciente: dramas sociales comoel 2 de mayo en Madrid, las guerras de Garibaldi a favor de la unificación italiana, la agitación obrera en la Semana Trágica de Barcelona en 1917, el levantamiento anticomunista del pueblo de Budapest en 1956, la revuelta juvenil de mayo del 68, la demolición del Muro de Berlín, la manifestaciones multitudinariascontra la Guerra de Irak...

Todos constituyen poemas en acción de la memoria social,cuya recuperación se produce siempre que el espíritude rebeldía se está perdiendo; precisamente el que esos movimientos expresan y exaltan, un deseo de paz perpetua pero basado en la solidaridad y la justicia social. De ahí que los mayores iconos de esos episodios sean Los fusilamientosdel 3 de mayo de Goya o el Guernica de Picasso, donde se busca revelar los secretos de un mundo en permanente estado de alerta.


Decisiones arriesgadas que marcaron el curso de nuestro recorrido histórico: Alejandro y Talleyrand

No sé si ésta es, al cabo, la actitud que encontramos en las acciones de algunos personajes raros de la Historia que, sin embargo, supieron afrontar con decisión un momento especialmente crítico. Alejandro Magno en su viaje al oasis de Siwa buscaba un motivo para extender la civilización helenística hasta el Indo. ¿Es la guerra contra Persia el inevitable mal para conseguirese objetivo al que el oráculo de Zeus le presta todo su poder de convicción? Para llegar al fondo de un problema, no hay más camino que la conviccióninterior. A veces, incluso sirve para prevenirel hundimiento de un país. Cuando Talleyrand, ministro de asuntos exteriores de Napoleón, decidió en 1807 que su jefe, el flamante Emperador, estaba llevando a Franciaa su ruina y que habíallegado el momentode volverse contra él, buscó un socio para confiarle semejante proyecto. Eligió a JosephFouché, jefe de la policía secreta, su enemigo más odiado, un hombre que incluso había intentado asesinarle.El momento del encuentro fue clave parala historia de Franciay de Europa; nada hubiera sido igual sin aquel acuerdo entre dos viejos zorros que cuestionaron la política del Emperador. Ya lo dijo Abraham Lincoln, un enemigose destruye convirtiéndolo en amigo.


Un episodio que pudo desencadenar la Tercera Guerra Mundial: Kennedy y la crisis de los misiles

Mao Tse-tung haría algo así con el general nacionalista Chiang Kai-shek, aprovechando la invasión japonesa de China.Juntos consiguieron vencer al ejército invasor, aunque con efectos totalmente diferentes en sus tropas. Mientras los guerrilleros salieron fortalecidos de la guerra, las tropas regulares fueron duramente diezmadas. Tras la salida del invasor de China, Chiang comprendió las verdaderas intencionesde Mao, que consistían en debilitar a su ejército para poder instalar un régimen comunista en el país.

La moraleja de ese episodio es que resulta más peligroso el enemigo al que las circunstancias convierten en amigo que el adversario abierto y sincero. De esa terrible consecuencianació la Guerra Fría. Ese largo conflicto entre las democracias occidentales y la Unión Soviética estuvo a puntode provocar una tercera guerra mundial en varios momentos;el más grave de todos fue cuando estalló la crisis de los misiles cubanos. También ese episodio de la Historia se explica por medio de la anécdota. La protagonizó un hombresingular, extraño al sistema político americano, John FitzgeraldKennedy. Católico y de familia acaudalada, se hizo con la presidencia de EE UU tras una dura campaña contra el candidato republicano, Richard Nixon, delfín del general Eisenhower. La anécdota la cuenta el gran historiador IsaiahBerlin, y eso es ya una garantía. Fue en una recepción en la Casa Blanca la tarde en que la crisis estalló. Jackie oficiaba de anfitriona mientras de reojo veía a su maridonervioso, aunque sólo ella era capaz de detectar inquietud en un rostro que parecía al resto de los invitadosapacible y risueño, incluido Berlin. Saludabaa todo el mundo, con aire desprendido, como un actor de cine de aquel tiempo de grandes esperanzas, cuando un asesor se le acercó y le susurró algo al oído. No le cambió la sonrisa ni el porte distinguido, pero abandonó la fiestaen medio de evasivas.Ya en el despacho oval, donde se hallaba reunido el equipo de seguridad, le confirmaron que estaba a punto de producirsela Tercera Guerra Mundial, pues los barcos soviéticos parecían decididos a romper el bloqueo naval a la isla de Cuba. Comenzaron así unos días en los que el mundo estuvo al borde del precipicio; para entender por qué nunca se produjo la temida guerra nuclear es necesario comprender bien las claves de esta anécdota, donde se muestra a las claras la forma de ser de un hombre raro, pero excepcional, cuya presencia de ánimo fue decisiva para evitar el conflicto. Kennedy, y con él la sociedad abierta,saldría victorioso del reto, aunque unos meses más tarde, en la ciudad de Dallas, dos balazos lo sacaron de la Historia y lo introdujeron en el mito.

El debate de quién fue el asesino y sus instigadoresha llegado hasta nuestros días, inclusoen forma de película. Pero para saber de eso, como en realidad de muchas otras anécdotas de la Historia, conviene tener presente la observación hecha por Gracián: "La verdad generalmente se ve, rara vez se escucha".

Por José Enrique Ruiz-Domènec

Etiquetas: Curiosidades, Historia

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