El tren del armisticio

El mítico vagón llevaba al líder ruso Lenin hasta la ciudad de Petrogrado.

Antonio Barrera / S. M.
Lenin se dirige a una masa de trabajadores industriales, a las puertas de una fábrica rusa.

El triunfo de la revolución de febrero de 1917 y la caída del zarismo en Rusia no habían sacado al país de la guerra. En el frente oriental, los alemanes seguían llevando la iniciativa y los desastres militares rusos venían a unirse a la caótica situación.

En el ámbito de la socialdemocracia internacionalista y pacifista de Suiza surge la idea de conseguir una paz por separado entre Alemania y Rusia. Algo que a Berlín le interesa desesperadamente para cerrar el frente oriental.

Se trata de enviar a Petrogrado a Lenin –máximo dirigente bolchevique exiliado en Zurich y declarado partidario de la paz a cualquier precio– para que dirija la toma del poder y saque a Rusia de la guerra.

El Estado Mayor alemán es lógicamente el mayor enemigo de la revolución, pero tiene plena conciencia de la utilidad que puede sacar de su apoyo al triunfo de la misma.

Así, acompañado por treinta y dos personas, el líder ruso parte en el célebre “vagón sellado”, que atraviesa velozmente todo el territorio alemán como si fuese portador de un contagioso bacilo.

Las autoridades alemanas le han concedido el derecho de extraterritorialidad para hacer el viaje sin detenciones.

Para Lenin, el enemigo no es Alemania sino el capitalismo y la burguesía; por tanto no ha tenido problema alguno en aceptar esta interesada concesión de los que son sus adversarios naturales.

Tras cruzar el Báltico, llegan a Estocolmo y desde allí por vía férrea transcurre la última etapa del viaje, que en la noche del 16 de abril, deposita al revolucionario en la estación Finlandia, de Petrogrado, donde le recibe una entusiasta multitud.

El asalto al poder por los bolcheviques ya está en marcha y una de sus primeras decisiones será la firma de la paz con Alemania.

Etiquetas: Curiosidades, Historia

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