El Tesla español

Mónico Sánchez (1880-1961) desembarcó en la Gran Manzana en 1904 y con 28 años inventó el artefacto que lo iba a hacer famoso: los rayos X portátiles.

III Feria Internacional de Nueva York (1909)
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Estos dispositivos eran utilizados desde hacía tiempo, pero tenían el problema de su peso descomunal (una tonelada) y su precio exorbitante (unas 3.000 pesetas de la época).

 

El aparato rayos X de Sánchez supuso una revolución: venía en una maleta y sólo pesaba diez kilos. El éxito fue inmediato y las máquinas se vendieron en hospitales del mundo entero. Pero no todo fue sobre ruedas en Nueva York. Mónico se embarcó en un proyecto de telefonía inalámbrica, cuyo promotor acabó siendo condenado por estafa. Ese negocio le proporcionó la oportunidad de conocer de conocer a Thomas Edison, de la General Electric, y a Nikola Tesla, de Westinghouse, pues presentó su teléfono sin hilos en la III Feria de la Electricidad de Nueva York, donde coincidió con estos genios de la tecnología en 1909.

 

En 1912, con treinta y dos años regresó a España convertido en un emprendedor millonario. Y un año más tarde, construyó en su pueblo natal, Piedrabuena (Ciudad Real), el Laboratorio Eléctrico Sánchez, que ocupaba una superficie de 3.500 metros cuadrados.

 

Al final de su vida dejó de vender sus aparatos y tuvo dificultades económicas. Muchos de los inventos que fabricó en Piedrabuena se exponen hoy en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, con sedes en A Coruña y Madrid.

Etiquetas: Inventores

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