¡Descubierto por casualidad!

La casualidad ha intervenido también como factor clave en algunos de los descubrimientos más importantes de la Humanidad.

Alexander Fleming
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Pasteur decía que la suerte ayuda a la mente preparada. Además del propio francés, a Robert Koch también le ayudó mucho la fortuna al dejarse un cultivo de bacilos de la tuberculosis cerca de la estufa. Gracias a eso descubrió el método para detectarlos. Y qué decir del inglés Alexander Fleming, que disfrutó de la mayor de las carambolas: en 1928, unos cultivos con bacterias estafilococos que había preparado su ayudante D. M. Pryce se quedaron olvidados durante las vacaciones. A la vuelta de éstas, Fleming fue preguntado por Pryce sobre ellos y, cuando fueron a mirarlos, había crecido un poco de moho alrededor. Pero lo más llamativo resultó ser que las bacterias habían desaparecido completamente. El moho era un hongo: el Penicillum rubrum. La penicilina estaba a un paso.

Las cosas buenas suceden

Arthur Kornberg, uno de los grandes bioquímicos del siglo XX, premio Nobel en 1959 por su trabajo sobre la síntesis del ADN, también tuvo un importante golpe de suerte trabajando como discípulo del gran premio Nobel español Severo Ochoa. Estaba Kornberg intentando purificar un enzima y, por un golpe accidental, se le cayó todo el líquido que lo contenía al suelo. Sin embargo, guardó una fracción final casi sin esperanzas. Al final resultó que en ésta se mostraba la enzima buscada. En su autobiografía, Kornberg asegura que se molestó en examinar esa fracción porque "el entusiasmo y el optimismo de Ochoa eran contagiosos... Me enseñó que, con una ética de incesante trabajo experimental, las cosas buenas suceden finalmente".

Etiquetas: Ciencia, Descubridores, Inventores

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