Creamos polémica: "Vamos a contar mentiras"

Javier Flores

 

creamos-polemica-faroEl reportaje "Vamos a contar mentiras" (nº 32 de MUY HISTORIA) hizo que Jesús Laínz, uno de nuestros lectores, nos escribiera poniendo en duda el contenido del recuadro del artículo, que afirmaba que los supuestos despeñamientos desde el Faro de Cabo Mayor (Santander) realizados por el bando republicano fueron, en realidad, un bulo. Comenta en su carta: "Todavía viven en Santander algunos ancianos que (...) fueron testigos oculares de los despeñamientos allí ocurridos". Alberto Porlan, autor del artículo, contestó: "(...) le aseguro que no me hubiera atrevido a refutar tan arraigada leyenda local, si no contara con una prueba que entiendo irrefutable... " No te quedes con la miel en los labios, descárgate aquí las cartas completas con los testimonios reales e informes oficiales que ambos aportan para defender su postura.

 

Carta del lector (Jesús Laínz)

Estimados señores,
Como ignoro la persona a la que debo dirigir esta carta, se la envío a varias de las que aparecen en su directorio.
Les escribo estas líneas con motivo del artículo sobre los asesinatos en el faro de Cabo Mayor de Santander aparecido en el MUY HISTORIA nº 32, pag. 50, en el que se establecía que se trataba de un bulo de la propaganda franquista y que "había que descartar que se hubiesen cometido ninguna clase de crímenes".
Salvo que hayan muerto en tiempos recientes, todavía viven en Santander algunos ancianos que, dados por muertos o librados in extremis por su corta edad u otros motivos, fueron testigos oculares de los despeñamientos allí ocurridos.
Pero como se trata de testimonios de parte afectada, les acompaño a continuación dos de parte contraria, dado su innegable interés. Se trata de los testimonios de dos destacados dirigentes republicanos, el lendakari José Antonio Aguirre, habitante de una casa cercana a Cabo Mayor durante los dos meses que duró su estancia en Santander entre la caída de Bilbao el 19 de junio y la de la capital montañesa el 26 de agosto de 1937; y el general Gamir Ulibarri, comandante del ejército republicano del Norte.
En el informe redactado por Aguirre algunos meses después, explicó lo siguiente sobre varios peneuvistas asesinados en Cabo Mayor por sus aliados republicanos:

"Al mismo tiempo comenzaron a llegar noticias bien desagradables. Habían sido asesinados varios vascos. Yo mismo soy testigo del espectáculo macabro que ofrecían cerca de las peñas cinco cadáveres desnudos recientemente asesinados. Esto cerca de la casa donde el Gobierno Vasco vivía en Santander, en el Cabo Mayor. Llamé al General Gamir. Le hice presenciar el espectáculo. El General se indignó con este motivo. Aquello no podía tolerarse. La americana de uno de los asesinados estaba en el jardín de nuestra casa con el agujero de la bala que lo había cruzado. Era el médico de San Sebastián, señor Zabalo. Así desapareció el redactor del periódico Euzkadi, señor Orueta, y los empleados del Departamento de Comercio y Abastecimientos, señores Gorostiaga y Lasa".

En cuanto al general Gamir, escribió el 15 de julio una carta a Indalecio Prieto, ministro de Defensa, en la que, entre otros asuntos, mencionó la creciente hostilidad entre los izquierdistas santanderinos y los nacionalistas vascos en unos días en los que se comenzaba a sospechar una deserción de estos últimos, como efectivamente sucedería unos días después en Santoña. En dicha carta, Gamir escribió a Prieto sobre

"El temor [de los nacionalistas vascos] quizá a ser objeto de agresiones por parte de los de Santander que efectivamente se han traducido en molestias en orden gradual, llegando hasta los execrables paseos que continúan y que pude apreciar viendo los cadáveres en el mar, el día que estuve en Cabo Mayor dirigiendo la operación combinada de baterías y submarinos y aviones para la entrada del Habana".

Todo ello podrán encontrarlo en las Obras Completas del citado José Antonio Aguirre, Ed. Sendoa, San Sebastián 1981, vol. I, pp. 772-774.
Como curiosidad final, en las giras turísticas que efectúa alguna compañía de autobuses panorámicos suele explicarse a los visitantes que la cruz que domina el lugar, calificada en su artículo como "error de piedra que continúa en pie setenta y cinco años más tarde", fue erigida recientemente en conmemoración de los republicanos allí asesinados por los nacionales.
Espero que esta información les haya sido de utilidad y aprovecho para enviarles un atento saludo.

Jesús Laínz

 

Respuesta del colaborador (Alberto Porlan)

Estimado señor Laínz:
Como autor del artículo que motiva su atenta carta, le aseguro que no me hubiera atrevido a refutar la tan arraigada leyenda local santanderina sobre los crímenes rojos del faro de no haber dispuesto, a través de un amigo cántabro, de cierta prueba que entiendo irrefutable. Se trata de un documento oficial, timbrado en seco, autentificado en cada una de sus 99 páginas con el sello de la Auditoría de Guerra franquista y fechado en Santander el 31 de marzo de 1938. Lleva la firma del juez instructor don Antonio Orbe, quien llegaría a Fiscal Jefe de la Audiencia de Madrid y sería condecorado en 1962 con la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort. Pues bien, en la sección 7ª (pág. 41) de este informe, titulada "Procedimientos y lugares más frecuentemente usados para cometer los asesinatos" se lee:
"Erróneamente se ha creído, y sigue creyéndose, que fue el Faro de Cabo Mayor el lugar preferido para los crímenes marxistas y que los cadáveres eran arrojados por el acantilado existente al pié del mismo; la Prensa de la España liberada ha divulgado repetidamente los relatos que sobre ello hacían los evadidos de Santander, en los que acostumbraban a incluir las noticias de que el torrero del faro había enloquecido de presenciar tanto crímen y que un buzo que descendió en aquellas aguas vió una impresionante multitud de cadáveres erguidos en el fondo del mar por tener atados los pies a gruesas piedras; tanta leyenda se había formado en torno de aquel paraje que aquí ya no se hablaba de "dar el paseo", sino de "llevar al Faro"... Pero en aquello, como de ordinario, falló la "vox pópuli". De las averiguaciones hechas en esta Causa aparece que ningún torrero perdió la razón y que ningún buzo ha visto cadáveres en el fondo del mar... El Faro estaba habitado por dos torreros y sus familiares y por una guardia permanente de vigilancia de costa, los que eran demasiados testigos para que ante ellos fuesen a cometerse tantos crímenes y los cuales no vieron nunca cadáveres en las lastras y peñas de al pié del acantilado, las que tan solo son cubiertas en la pleamar de las mareas vivas; los cuerpos que hubiesen sido lanzados desde tan gran altura sobre aquellas peñas del fondo quedarían con enormes traumatismos que no se observan en los muchísimos cadáveres recogidos en este litoral."
A mi ver, este documento franquista, rubricado por la autoridad que más y mejor información pudo allegar acerca del asunto que debatimos, zanja la cuestión. Y prueba también (lo que es muchísimo más grave) que en el bando vencedor siempre se supo la verdad. En cuanto a los ancianos -niños entonces- a que usted alude como testigos oculares de los crímenes del faro, no dudo de su existencia. Pero le confieso que deposito mucha más confianza en lo que le dijeran los adultos de entonces al juez Orbe.
Me confunde un poco el último párrafo de su carta. Desde luego, es ridículo que a los visitantes se les cuenten semejantes andróminas en las giras turísticas. Deberían explicarles la verdad: que se trata de un monumento vano inspirado por una leyenda de cuya falsedad ya existía constancia entre aquellos mismos que lo erigieron en memoria de unas víctimas que sabían inexistentes. Siendo ésa la realidad que prueba el documento que con gusto le he aportado, calificarlo de error de piedra que continúa en pie 75 años más tarde, como yo lo he hecho según usted me cita, resulta un acto de misericordia. El mamotreto es más bien una auténtica vergüenza histórica que la pura decencia aconsejaría, al margen de todo partidismo, demoler cuanto antes.
Le agradezco de veras el sereno tono de su carta y confío en que esta pequeña información adicional le haya sido, a su vez, de alguna utilidad. A través de Muy Interesante Historia, pronto recibirá copia de las páginas del informe oficial que atañen específicamente a este asunto.
Un atento saludo,
Alberto Porlan

P.D. Respecto a los cadáveres de vascos entre las peñas a que alude el señor Aguirre, lo más probable es que fueran arrojados allí, en el faro, porque allí era donde residían los miembros del gobierno vasco. Querían asustarlos para que se marchasen y convenía que vieran con sus propios ojos a los paisanos muertos. La prenda ensangrentada del jardín era la firma al pie de aquella tétrica advertencia. Así, los asesinos dejaron claro un par de cosas: que sabían muy bien dónde estaban los gobernantes vascos y que aquello no había sido un accidente.

 

 

Etiquetas: Muy Historia

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