Buenaventura Durruti, anarquista y guerrillero

La vocación guerrillera de Buenaventura Durruti, protagonista señalado de la reacción inmediata al levantamiento militar de Franco, era incuestionable.

LO/AA
El anarquista Buenaventura Durruti

Al igual que muchos otros revolucionarios, Buenaventura Durruti es visto bien como un rebelde idealista, bien como un sanguinario asaltante. Y es que la azarosa vida de este leonés no dejó a nadie indiferente. Durruti, que había nacido el 14 de julio de 1896 en el seno de una familia numerosa –tenía otros siete hermanos– y en un entorno empobrecido, trabajó como mecánico, ferroviario, metalúrgico e incluso en los lavaderos de las minas de Matallana de Torío, en León. Como su padre, se afilió a la UGT, pero su intensa y violenta participación en la huelga general de 1917, impulsada por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), le apartó del sindicato socialista, que lo expulsó por apoyar posiciones revolucionarias. De hecho, acosado por la policía, se vio forzado a huir a Francia, donde entró en contacto con los círculos anarquistas. En 1919, Durruti cruzó de nuevo la frontera y se afilió a la CNT, pero tras implicarse en varias revueltas laborales, finalmente fue detenido por la Guardia Civil y encarcelado. Sin embargo, logró evadirse. Instalado en Guipúzcoa, se unió al grupo Los justicieros, que planeaba atentar contra Alfonso XIII durante una visita del monarca a San Sebastián. La conspiración fue descubierta y Durruti abandonó la zona.

En 1922, ya en Barcelona, formó el grupo Crisol, que luego tomaría el nombre de Los Solidarios. Su nombre, sin embargo, saltaría a la fama un año después, cuando atracó el Banco de España de Gijón y se hizo con un botín de 675.000 pesetas. También se le relacionó con el asesinato del cardenal Juan Soldevila, así que el revolucionario decidió poner pies en polvorosa y largarse a Sudamérica. En Chile, precisamente, continuó los asaltos, una fuente de recursos que pretendía usar para liberar a sus camaradas presos en España. Tras deambular por varios estados americanos y europeos, regresó a nuestro país en 1931, deseoso de introducirse en la Federación Anarquista Ibérica.

En 1936, se convirtió en uno de los más destacados protagonistas de la Revolución de julio, como respuesta al alzamiento militar. Para entonces, el grupo Los Solidarios había cambiado su nombre por Nosotros, y desde él combatió el levantamiento como parte de la dirección de la defensa de Barcelona. A finales de ese mes, derrotado el alzamiento en la Ciudad Condal y formadas las milicias populares, Durruti partió con una columna armada –que recibiría el nombre de columna Durruti– hacia Zaragoza, controlada por los nacionales. Aunque no tomó la ciudad, sí las poblaciones cercanas. En ellas, expropió las tierras para colectivizarlas.

La columna Durruti

En noviembre de ese mismo año dirigió su columna a Madrid para reforzar las posiciones republicanas. Esta unidad de milicianos constaba, según distintas fuentes, de entre 2.500 y 4.000 voluntarios, entre ellos algunas mujeres. El día 19 fue herido cerca del Hospital Clínico. Sin embargo, aún hoy no está claro quién o qué fue el responsable de su muerte. Algunas fuentes señalan que pudo ser asesinado por agentes estalinistas; otras, que se le disparó el arma a él o a alguno de sus acompañantes. En cualquier caso, Durruti falleció unas horas después. Su cuerpo fue trasladado a Barcelona y enterrado allí.

En aquellos combates que se sucedieron en Madrid, en noviembre de 1936, la columna Durruti fue diezmada. Tras la muerte de su líder, Ricardo Sanz tomó el mando. Este aceptó su conversión en unidad militar, dando origen a la 26 División del Ejército Popular Republicano, que combatió en Belchite y en la defensa de Cataluña en 1939. Tras la guerra, muchos de sus miembros pasaron por los campos de concentración franceses y algunos incluso fueron incorporados al ejército galo. 

Etiquetas: Guerra Civil, República

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