Borís Yeltsin, presidente de Rusia

El excomunista Borís Yeltsin fue elegido presidente de la Federación Rusa hace ya 25 años.

Yeltsin
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Borís Nikoláievich Yeltsin (1931-2007), uno de los políticos más influyentes y populares de los años 90 del pasado siglo, ganó las elecciones del 12 de junio de 1991 en Rusia –las primeras multipartidistas en toda la Historia de la URSS– con un 57% de los votos. Justo un año antes, el 12 de junio de 1990, el recién creado Congreso de los Diputados del Pueblo de Rusia había declarado unilateralmente la soberanía estatal de la Federación Rusa, un paso decisivo en el imparable proceso de desintegración de la Unión Soviética iniciado en 1989 con la apertura política de Mijaíl Gorbachov, la famosa Perestroika. Los siguientes pasos: Yeltsin abandonó el Partido Comunista, se presentó a las elecciones como independiente, las ganó y el 10 de julio fue proclamado primer presidente de la Federación Rusa.

Pero el año 1991 no había acabado, ni mucho menos. El 19 de agosto, los comunistas de línea dura del gobierno soviético, del KGB y del Ejército intentaron dar un golpe de Estado y retuvieron al presidente Gorbachov en su dacha de Crimea. Sin perder un minuto, Yeltsin se presentó ante el Parlamento en Moscú y plantó cara a los golpistas. Fue su momento cumbre: subido a la torreta de un tanque, lideró una enorme manifestación popular con un memorable discurso y logró así que las tropas rebeldes pusieran fin al golpe y liberaran a Gorbachov. En diciembre, la URSS quedó definitivamente disuelta y Yeltsin, como presidente de la Federación Rusa, se convirtió en el nuevo líder internacional eslavo.

En sus primeros años de mandato, Yeltsin se comprometió a transformar la economía socialista de Rusia en una de libre mercado y para ello aplicó una terapia de choque: reformas muy profundas, liberalización de los precios y programas de privatización. Debido a este proceso, Rusia se abrió a las inversiones occidentales y prosperó, pero al mismo tiempo una buena parte de la riqueza nacional cayó en manos de un pequeño grupo de oligarcas y la corrupción campó a sus anchas. En 1996 fue reelegido, aunque su popularidad fue cayendo en picado por la crisis económica, las guerras en Chechenia, los problemas sociales y su “autogolpe” de 1993, en el que disolvió el Parlamento ­–que se le oponía– a cañonazos, cambió la Constitución a otra presidencialista y se hizo con todo el poder.

Siempre con problemas de salud debido a sus excesos con la buena mesa y el alcohol –que también le llevaron a protagonizar incidentes sonrojantes en el plano internacional–, presentó su renuncia al cargo el 31 de diciembre de 1999. De este modo, la presidencia recayó en su hasta entonces primer ministro, Vladímir Putin. Una nueva era en la Historia de Rusia estaba a punto de comenzar.

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