Bismarck: El Canciller de Hierro

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Bismarck: El Canciller de HierroEl contacto directo con los trabajadores, la necesidad de realizar una gestión adecuada y las previsiones económicas le proporcionaron una experiencia esencial. En 1847, Bismarck entró en política empujado por el temor a la revolución que se oteaba en el horizonte. Hasta qué punto las circunstancias apuntaban en esa dirección puede juzgarse por el hecho de que Marx pensó que en 1848 tendría lugar la revolución que permitiría implantar el socialismo. Bismarck aconsejó al rey Federico Guillermo IV que aplastara la revuelta sin contemplaciones. Su consejo no fue tenido en cuenta, pero el monarca quedó impresionado por aquel recién llegado a la política. En 1851, fue designado representante de Prusia en la Confederación Germánica, una liga formada por 39 estados alemanes. Los años siguientes fue embajador en Rusia y Francia, dos destinos de los que también obtendría conocimientos que luego resultarían de enorme utilidad.

Fue nombrado Primer Ministro para ampliar el ejército prusiano

En 1862, el parlamento prusiano se enfrentó a una crisis relacionada con la ampliación del ejército. La mayoría liberal estaba dispuesta a votar los fondos necesarios para llevarla a cabo, pero sólo si el servicio militar se reducía de tres a dos años. Esto resultaba inaceptable para Guillermo I pues consideraba que el nuevo período de entrenamiento podría resultar insuficiente. Para salir de la situación, optó por nombrar Primer Ministro a Bismarck. La manera en que éste remontó la crisis fue notable: alegando que la constitución no disponía nada en caso de que las negociaciones entre la Corona y el parlamento llegaran a un punto muerto, decidió prorrogar el presupuesto de 1861. Esto le permitió recaudar suficiente dinero para ampliar el ejército. La audacia de Bismarck fue bien recibida por la opinión pública e incluso provocó una verdadera corriente de entusiasmo cuando, aliado con Austria, ese ejército ampliado en 1864 arrebató a Dinamarca los ducados de Schleswig y Holstein. Fue el inicio de la política reunificadora de Bismarck.

En 1866, la disputa entre Austria y Prusia por los citados ducados desembocó en una nueva guerra. El ejército prusiano la resolvió brillantemente en siete semanas y Prusia se anexionó, no sólo los ducados daneses, sino también Hannover y otros territorios. Aprovechando el éxito, Bismarck reunió a todos los estados del norte y del centro de Alemania en la Confederación de Alemania del Norte que, a pesar de su nombre, se hallaba bajo control prusiano.

El éxito interior no fue menor ya que el parlamento prusiano sancionó con carácter retroactivo sus medidas financieras de unos años atrás y sobre todo en la mente de millones de prusianos quedó impreso que la reunificación de la Alemania desmembrada en 1648 podía convertirse en realidad. En 1870, la Francia de Napoleón III -que Bismarck conocía bien de su época de embajador- provocó una estúpida guerra contra Prusia. Una vez más, la victoria prusiana resultó fulminante. Mientras en Francia caía el imperio y París se veía sometido a las atrocidades de la Comuna, Bismarck creó el II Reich y logró que los estados alemanes, incluidos los del sur, reconocieran al rey de Prusia como emperador.

La victoria sobre Francia significó el final de la reunificación alemana y el inicio de una fase destinada a fortalecer el imperio. Bismarck contemplaba tres enemigos principales: los liberales, partidarios de controlar el poder regio; los católicos, opuestos históricamente a un monarca protestante, y los socialistas, deseosos de desencadenar la revolución.

Su política de alianzas mantuvo la paz en Europa

Las leyes sociales de Bismarck -que cubrían los seguros por enfermedad y accidentes y la jubilación- combinadas con la entrega de algunos puestos desactivaron la estrategia del partido socialista durante más de cuatro décadas. Con los católicos puso en marcha una batalla contra su influencia -denominada kulturkampf-, pero acabó aliándose con ellos para vencer a los liberales. La paz social derivada hizo crecer la economía alemana durante las décadas siguientes de manera espectacular amenazando la supremacía británica.

En política exterior, Bismarck adoptó una inteligente política centrada en la alianza con Rusia, alejando la posibilidad de una guerra con Austria o con Francia, su enemigo histórico. El sistema garantizó que no se produjera una guerra entre potencias en Europa durante más de cuatro décadas. Paradójicamente, la caída de Bismarck vino motivada por ese éxito. Guillermo II, el kaiser, no apreciaba la política internacional del canciller de hierro ni el desdén que sentía por los socialistas. En 1890, lo destituyó. Bismarck se retiró a sus posesiones cerca de Hamburgo donde murió en 1898. Menos de dos décadas después, Guillermo II perdía una guerra que se habría evitado si hubiera continuado el sistema de alianzas bismarckiano, y huía de Alemania ante la revolución socialista.

PARA SABER MÁS

Pedro Voltes. Bismarck. Ediciones Palabra. Madrid, 2004.
Bruce Waller. Bismarck. Editorial Ariel. Barcelona, 2001.

Etiquetas: Alemania, Curiosidades, Europa, Personajes famosos, Primera Guerra Mundial

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