Arqueología al estilo CSI

La colaboración entre arqueólogos y antropólogos físicos resulta muy fructífera en las investigaciones de hallazgos óseos.

Roberto Piorno/S.M.
Ricardo III

El reciente hallazgo de identificación de los restos mortales de Ricardo III en un aparcamiento de la ciudad inglesa de Leicester o la búsqueda de los huesos de Cervantes en el madrileño convento de las Trinitarias han descubierto al gran público el crucial papel que en la Arqueología moderna juegan ciencias auxiliares como la antropología forense o la genética.

Y es que el estudio de los vestigios óseos de los individuos vinculados a un determinado contexto arqueológico es una fuente de información inagotable. En este punto, la colaboración entre arqueólogos y antropólogos físicos, que se enfrentan por ejemplo a los indicios de muerte violenta de un neanderthal con el mismo procedimiento que emplearían con un crimen contemporáneo, resulta esencial y muy fructífera.

 

De un análisis osteológico de los huesos recuperados en una necrópolis o una fosa común, un antropólogo forense puede deducir el sexo y la edad de la víctima. Es posible determinar si el individuo es varón o hembra atendiendo a la forma de la pelvis; por otro lado, los huesos masculinos suelen ser más grandes y largos y los de una mujer son de dimensión más reducida.

 

En ocasiones se trabaja con fragmentos de tamaño muy reducido, y en ese caso un análisis químico puede darnos la clave en busca del nivel de citrato, más alto en los huesos femeninos que en los masculinos. En lo que respecta a la edad, el mejor indicador es la dentadura, cuyo nivel de desarrollo y de desgaste es una pista frecuentemente determinante para conocer la edad del individuo. No obstante, hay alternativa que pueden dar una información aún más precisa. El desarrollo de la muñeca y los huesos de la mano, así como la sinostosis, la articulación de las piezas del hueso, o el grosor del cráneo, mayor cuanto más viejo sea el individuo, son indicadores de edad.

 

Etiquetas: Arqueología, Curiosidades, Historia

COMENTARIOS