Adolf Hitler y Eva Braun: juntos hasta el final

La mujer del Führer se mantuvo a su lado hasta su último respiro.

J. A. Peñas / S. M.
La pareja en 1940, en su residencia de vacaciones de los Alpes bávaros.

En su último cumpleaños, los íntimos de Hitler le juraron lealtad eterna y afirmaron que morirían antes que encarar un futuro sin el Führer. A la hora de la verdad, todos trataron de encontrar una salida. Todos salvo Eva Braun.

Eva se convirtió en la amante de Hitler en 1931. Speer la retrató como una mujer discreta y agradable, que no aprovechó su posición para medrar y siempre permaneció en la sombra. El Führer no la veía socialmente aceptable: opinaba que debía aparecer ante el pueblo como un hombre célibe y nunca mostró demasiado afecto por ella.

Entonces, en 1945, Eva voló a Berlín. Hitler quiso disuadirla para que se pusiera a salvo, pero ella se negó a irse: venía a morir con él. Su figura destacó en la fétida atmósfera del búnker por su dignidad. Mientras todos intentaban convencer a Hitler para huir o buscaban cómo salvarse ellos solos, Eva se mantuvo firme a su lado, animándole, casi feliz al ver acercarse el final.

Ya fuera por gratitud o por un último resto de cariño, él le entregó lo único que le quedaba: su persona.

Así, contraían matrimonio el 29 de abril. Al día siguiente, Eva Hitler se suicidaba junto a su amado, abandonando la Historia tan silenciosamente como la había vivido. Hitler afirmó en una ocasión: “Cuando todo acabe sólo podré contar con mi perra Blondie y la señorita Braun”. El animal murió a manos de su dueño. Eva, al menos, pudo ser leal hasta el final.

Etiquetas: Historia, Hitler

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